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viernes, 17 de mayo de 2013

Una espera de la gratificación que lleva más de 40 años: comentario

Esta entrada continúa de la entrada del 16 de mayo de 2013.
 
Comentario
"El valor del control y la influencia de los valores": Stephanie M. Carlson y Philip David Zelazo publicaron un comentario en una edición posterior de PNAS acerca del artículo de Casey et al. que revisamos ayer. A continuación, entonces, resumiremos los aspectos más importantes de este relevante comentario.
 
Carlson y Zelazo comienzan resumiendo que, en el trabajo de Casey et al., los individuos que participaron como preescolares en los estudios ahora clásicos de demora de la gratificación de Mischel, ahora de cuarenta, realizaron una tarea Go-No-go, en la cual se les instruyó presionar una tecla cuando se presentaba un cierto estímulo (p. ej., un rostro temeroso) pero abstenerse de responder cuando se presentaba otro estímulo (p. ej., un rostro feliz). Los individuos que, como niños se habían resistido a comerse un dulce rápidamente, se desempeñaron mejor que aquellos que no pudieron esperar hasta el final, pero sólo cuando se les requirió frenar las respuestas a rostros felices. Según Carlson y Zelazo, este hallazgo es importante porque se suma a un cuerpo de evidencia creciente acerca de que las diferencias individuales en el control cognitivo (también llamadas "función ejecutiva"), medidas en la infancia temprana, están asociadas con importantes consecuencias comportamentales.
 
Valores versus control
Carlson y Zelazo explican que hallazgos como los de Casey et al. sugieren una estabilidad rasgo-estado importante, pero que exactamente qué es estable o para quién, no está claro. Casey et al. -continúan Carlson y Zelazo- sugieren que lo que es estable es una habilidad biológicamente basada para resistir la tentación -una habilidad servida por el giro frontal inferior derecho-. Esta sugerencia se basa en la asunción de que los niños que no esperan la recompensa más grande es porque son incapaces de hacerlo. Sin embargo, piensan Carlson y Zelazo, no existe una manera "correcta" de comportarse en la situación de la demora de la gratificación; algunas veces, explican los autores, es mejor tener un solo pájaro en mano que ver dos en un árbol, por lo que diferir la gratificación en esta tarea puede reflejar los valores de los niños y no sus habilidades. De hecho, como lo habían señalado ya antes Mischel y Shoda (1995), los valores de los niños pueden variar no sólo de acuerdo con las situaciones, sino también en función de su temperamento, crianza, historia de aprendizaje, estatus socioeconómico y otras diferencias potenciales entre los de alta y los de baja espera.
 
Influencias de arriba-abajo y de abajo-arriba
Carlson y Zelazo explican que, en el estudio de Casey et al., los sujetos de baja espera -quienes cometieron más respuestas erróneas a los estímulos No-Go en las condiciones de rostros felices- mostraron mayor activación en una región asociada con el procesamiento de estímulos de recompensa (esto es, el estriado ventral). De manera complementaria, tales sujetos también mostraron una menor diferenciación entre ensayos Go y No-go en las activaciones de una región implicada en el control cognitivo (el giro frontal inferior derecho). Carlson y Zelazo puntualizan, entonces, que la correlación inversa entre las regiones asociadas con el control de arriba-abajo (control cognitivo) y aquellas asociadas con las influencias de abajo-arriba (procesamiento de estímulos de recompensa) es importante, aunque puede reflejar la naturaleza de la tarea, más que la naturaleza misma [es decir, lo que "realmente" pasa]. Por eso, para poder separar las influencias de arriba-abajo (control cognitivo) y las de abajo-arriba (sensibilidad a la recompensa), en la investigación futura se deberían evaluar las diferencias en la sensibilidad a la recompensa en ausencia de requerimientos de control cognitivo.
 
Demora y destino
Según Carlson y Zelazo, la investigación de Casey et al. ilustra diferencias continuamente estables en el desempeño, entre individuos que fueron identificados temprano en la vida como de alta o como de baja espera. Sin embargo, los autores puntualizan que ahora es claro que el desempeño siempre refleja una combinación de habilidad y motivación, capacidad y valores, e influencias de arriba-abajo y de abajo-arriba. El reto está, según ellos, en desentrañar sus influencias relativas y en entender cómo interactúan. Lejos de implicar determinismo social y psicológico, estos hallazgos sirven para subrayar la importancia de promover el desarrollo de un control cognitivo saludable.
 
Carlson, S.M. & Zelazo, P.D. (2011). Tha value of control and the influence of values. PNAS, 108 (41). pp. 16861-16862.
 
 
Comentario
Bien, con esta entrada damos por terminada la presentación del artículo de ayer. Las preguntas que aparecen al final de la presentación tenían la intención de que pensáramos un poco críticamente en el estudio, ya que los puntos metodológicos, así como sus conclusiones, dificultan su interpretación o su transferencia a la realidad. Específicamente, como lectores nos puede quedar la duda de por qué la tarea Go-No go que usaron es de "resistencia a la tentación" (es decir, ¿cuál tentación hay al ver rostros felices o recompensa en el sentido instrumental del término?). Si bien los autores citan que ambas "funciones" se han relacionado en estudios previos, no se pueden, operacionalmente, igualar.
 
Por otro lado, ellos afirman que la "resistencia a la tentación" es una habilidad estable a lo largo de la vida. Sin embargo, la selección de la sub-muestra se hizo, precisamente, con base en la estabilidad o consistencia de la caracterización del sujeto como de baja o alta espera. Entonces...(¿?)
 
Adicionalmente -aunque no aparece en las diapositivas, pero lo pueden consultar en el artículo original-, la sub-muestra que se estudió en el Exp. 2 (en el que se hizo resonancia) no incluyó igual número de sujetos de sexo masculino en ambos grupos. Es decir, en el grupo de alta espera alrededor de 40% fueron de sexo masculino, mientras que en el grupo de baja, alrededor de 70% lo fueron. Tal diferencia es importante en cuanto a que lo que se encontró en los patrones de activación cerebral refleje sólo diferencias de género y no de si se es de baja o de alta espera.
 
Finalmente -para no extendernos mucho-, también es importante considerar de manera especial el primer punto que Carlson y Zelazo proponen en su comentario: el de valores versus control, ya que en el estudio de Casey et al. mencionan que los sujetos de baja espera tuvieron una reacción exagerada del estriado ventral -cuando, al mirar la figura se observa, más bien, una disminución en la actividad de los de alta espera-, además de que cometieron más errores de falsa alarma ante rostros felices -como si esa no fuera una respuesta "normal" o "esperada", dada la naturaleza de las emociones o la tendencia a aproximarnos ante aspectos positivos y alejarnos de los negativos o dañinos-. El punto es, entonces, que quizás quienes están "mal" no son los de baja espera -como parece que lo hacen ver Casey et al.-, sino tal vez los de alta; o quizás ninguno. De todas formas, en el estudio no se muestra evidencia de que quienes pertenecen al grupo de baja espera tengan, de hecho, problemas en su vida social o personal -tampoco se dice lo correspondiente, del otro grupo-.
 
Para concluir -ahora sí-, el estudio de Casey et al. es un estudio importante, pues sigue una muestra longitudinalmente estudiada. Sin embargo, tiene algunos puntos que convendría mirar más en detalle, antes de interpretar o sacar conclusiones tan "enormes"...¿Algunas otras ideas?
 
 
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