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sábado, 4 de mayo de 2013

Algunos efectos de presenciar violencia en la comunidad, en adolescentes, según su relación con la víctima del acto violento

El artículo de hoy es un poco "triste"; pero, por muy triste que sea, aborda una situación que no podemos negar, la violencia. Entenderé si no quieren leer esta entrada…a mí también "me costó" escribirla, pero pensé que, igual, era necesario compartirla. Bien, sin tanto preámbulo, es acerca de algunas consecuencias para la salud mental de adolescentes, de presenciar violencia en la comunidad. Sí, de ser testigos por la ventana, o estando alrededor, de hechos violentos en el barrio. Específicamente, este estudio, que, en 2009, Sharon F. Lambert, Rhonda C. Boyd, Nicole L. Cammack y Nicholas S. Ialongo publicaron, trata acerca de la asociación entre la proximidad de la relación con una víctima (sobre la cual presencia el acto violento) y los comportamientos internalizantes y externalizantes en adolescentes.

Introducción
Comienzan Lambert et al. citando que los adolescentes que presencian violencia en la comunidad (VC) tienen un riesgo mayor de sufrir numerosos problemas de salud mental, incluyendo comportamientos internalizantes como síntomas depresivos y ansiosos (Cooley-Quille, Boyd, Frantz, & Walsh, 2001, y otros), síntomas del trastorno de estrés postraumático (Fehon, Grilo, & Lipschitz, 2001; Fitzpatrick & Boldizar, 1993) y baja auto-estima (Lynch & Cicchetti, 1998). Adicionalmente, presenciar VC también se ha vinculado a comportamientos agresivos (Gorman-Smith & Tolan, 1998, y otros), abuso de sustancias (Kilpatrick et al., 2000), pobre desempeño y deserción escolar (Lynch, 2003) y los comportamientos externalizantes generalmente han demostrado asociaciones más fuertes con la exposición a la VC que los problemas internalizantes (Fowler et al., 2009).

Objetivo
Según Lambert et al., se ha sugerido que la relación de un joven con la víctima de violencia en la comunidad puede determinar, en parte, cómo responde éste cuando presencia los actos de violencia. Por eso, este estudio explora si la proximidad de la relación con una víctima de VC es importante para entender si los adolescentes que han sido testigos de violencia en la comunidad experimentan problemas internalizantes y externalizantes.

Método
En el presente estudio participaron 501 adolescentes (230 mujeres -45,9%-) de bajo estrato socioeconómico y de edades entre 15,11 y 17,22 años (media: 15,82, DE: 0,38). Los adolescentes habían sido seguidos por varios años, desde niños. 

Para medir el grado de exposición a la VC, Lambert et al. utilizaron el "Reporte de Exposición a la Violencia en Niños" (Cooley, Turner, & Beidel, 1995), un instrumento de auto-reporte usado para evaluar la frecuencia de la exposición a la VC (como testigo presencial, víctima, porque le cuentan, o en los medios de comunicación). Lambert et al. se enfocaron en la sub-escala de exposición a la VC como testigo presencial. En dicha sub-escala, los adolescentes indicaron si habían sido testigos directos de diez eventos violentos: (1) asesinato, (2) disparos, (3) puñaladas, (4) riñas, (5) robos, (6) apuntar con un arma hacia alguien, (7) amenazar a alguien con un cuchillo, (8) amenazar a alguien con matarlo, (9) amenazar a alguien con pegarle o (10) persecución. Los jóvenes que respondían haber sido testigos de violencia en la comunidad también reportaron si el evento había sucedido a un miembro de su familia, a un amigo cercano, a un conocido o a un desconocido.

Por otro lado, los síntomas ansiosos y depresivos fueron evaluados con la versión para adolescentes de la "Baltimore How I Feel", una medida de auto-reporte para jóvenes. El comportamiento agresivo fue evaluado a través de la sub-escala de comportamiento agresivo/disruptivo de la "Observación del Maestro de la Clase"-Revisada (Werthamer-Larsson, Kellam, & Wheeler, 1991), una entrevista estructurada que permite que los maestros califiquen la adecuación del desempeño de cada niño, en una escala de 6 puntos, en cuanto a: aceptación de la autoridad (comportamiento agresivo); participación social (comportamiento evitativo o tímido), auto-regulación (impulsividad); control motor (hiperactividad); concentración (inatención) y qué tanto es aceptado por los pares (rechazo).

Resultados
  • Los hombres reportaron haber sido testigos de alguien que había sido apuñalado, golpeado, robado o apuntado con un cuchillo significativamente más frecuentemente que las mujeres: el número promedio de eventos de los que los hombres fueron testigos (media: 2,63; DE: 2,39) fue significativamente mayor que el número promedio de eventos que las mujeres presenciaron (m: 1,97; DE: 1,98; p < ,01).
  • En general, los adolescentes que fueron testigos de violencia en la comunidad reportaron más síntomas ansiosos y depresivos concurrentes que los adolescentes que no presenciaron violencia en la comunidad.
  • Entre los jóvenes que habían sido testigos de violencia en la comunidad, 4,9% habían presenciado VC contra un miembro de la familia; 21,4% la habían presenciado contra un amigo cercano; 50,3% contra un conocido; y 53,1% contra un desconocido.
  • Las adolescentes (mujeres) reportaron más síntomas de ansiedad que los adolescentes (hombres). Además, en ellas, presenciar VC contra un miembro de la familia estuvo -significativamente- positivamente asociado con los síntomas de ansiedad.
  • Las adolescentes (mujeres) reportaron más síntomas depresivos que los adolescentes (hombres). En ellas, presenciar VC contra un miembro de la familia y contra un amigo cercano estuvieron -significativamente- positivamente asociados con los síntomas depresivos.
  • Los maestros reportaron más comportamientos agresivos para hombres que para mujeres.
  • En general, presenciar violencia comunitaria contra un conocido estuvo -significativamente- positivamente asociado con el comportamiento agresivo.
  • En mujeres, pero no en hombres, el comportamiento agresivo estuvo asociado con presenciar VC contra un miembro de la familia. En hombres, pero no en mujeres, la asociación se dio con [sólo] presenciar VC contra un extraño.

Discusión
Según Lambert et al., es creciente el reconocimiento de que los efectos adversos potenciales de presenciar violencia en la comunidad pueden, en algunos casos, ser similares a los efectos de la victimización de la violencia en la comunidad. Por tal razón, añaden, la atención a las causas y consecuencias de presenciar violencia en la comunidad es también creciente.

Consistente con la investigación previa, Lambert et al. encontraron que los adolescentes que presenciaron violencia en la comunidad tuvieron mayor probabilidad de reportar problemas internalizantes que aquellos que no presenciaron violencia en la comunidad. Específicamente, estos investigadores encontraron que presenciar violencia contra un miembro de la familia y un amigo cercano estuvo asociado con síntomas depresivos mayores. En cambio, no hubo asociaciones entre síntomas depresivos y presenciar violencia contra un extraño o conocido.

Por otro lado, Lambert et al. describieron que, aunque [la frecuencia de] presenciar violencia en la comunidad no difirió en adolescentes en términos de su comportamiento agresivo, sí hubo variabilidad en el comportamiento agresivo entre los jóvenes que habían presenciado VC, según su relación con la víctima de la violencia. Específicamente, en hombres y mujeres el comportamiento agresivo estuvo asociado con presenciar VC contra un amigo o conocido. Adicionalmente, en hombres esta asociación se dio también con presenciar VC contra extraños, mientras que en mujeres se dio con presenciar violencia contra un miembro de la familia.

En relación con lo anterior, Lambert et al. explican que las respuestas agresivas ante presenciar VC pueden ser debidas a amenazas percibidas ante una situación en la cual el testigo puede sentirse en riesgo de ser una víctima. Los jóvenes, añaden, deben haber desplegado mayor agresión porque una respuesta agresiva puede ser un mecanismo de protección para enfrentar una amenaza proveniente de otros.

Conclusión
Lambert et al. concluyen que la relación de un joven con una víctima de violencia en la comunidad puede afectar cómo aquél interpreta los eventos violentos con respecto a su propia seguridad y vulnerabilidad. Además, su relación con la víctima también puede afectar cómo un joven manejará situaciones similares en el futuro.

Lambert, S.F., Boyd, R.C., Cammack, N.L., & Nicholas S. Ialongo. (2012). Relationship Proximity to Victims of Witnessed Community Violence: Associations with Adolescent Internalizing and Externalizing Behaviors. Am J Orthopsychiatry, 82 (1). pp. 1-9.


Comentario
Bien, esta fue la presentación del artículo de hoy. Sí, es verdad, es un tema no muy agradable (el de la violencia), pero que no -por eso- debemos evitar. Como vimos, este estudio confirmó que la proximidad a la víctima de violencia en la comunidad puede modificar el resultado o impacto en la salud mental del adolescente; aunque, en general, los adolescentes que han presenciado violencia en la comunidad tienden a experimentar más síntomas internalizantes (p. ej., ansiedad, depresión, baja autoestima, sensación de vulnerabilidad, etc.) y externalizantes (p. ej., comportamiento agresivo) que los que no, independientemente de quién fue la víctima y del género del adolescente.

En particular, vimos que en las mujeres, los síntomas de ansiedad y depresión y el comportamiento agresivo aparecen más cuando el acto violento es contra un miembro de su familia (aunque también experimentan depresión y muestran agresividad cuando la violencia es contra un amigo y un conocido, respectivamente). En los hombres, el comportamiento agresivo se incrementó con sólo presenciar los actos violentos (incluso, sobre alguien extraño o desconocido). 

Desde muchos puntos de vista la realización de este tipo de estudios es muy difícil, pues es necesario tener en cuenta un sinnúmero de variables, tanto individuales como sociales. Sin embargo, estos investigadores pudieron mostrar con datos, e información sistemática, algo que puede ser inferido a partir del sentido común. Es esa cualidad la que lo hace tan importante.

Por último, quizás la pregunta que nos queda en la mente es "¿por qué?": ¿por qué se da ese tipo de consecuencias? ¿Qué pasa cuando se es testigo de tales actos que hace que se generen esos síntomas en adolescentes? ¿Podrían darse consecuencias positivas y de cambio psicológico? ¿Pasará algo análogo -pero distinto- cuando se es testigo de actos altruistas o prosociales? Mucho queda aún por hacer...


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